jueves, 27 de diciembre de 2012

Vidas atípicas (II): Ray de los bosques

A finales se 2011 conocimos a Ray, pero ni siquiera Ray sabía quién era Ray. Ni siquiera sabía su apellido. Ni dónde nació o su fecha exacta de cumpleaños. Ni quiénes eran sus amigos de correrías infantiles. O si tuvo ya una primera novia. La infancia se borró de su mente. Solo recordaba que pasó los últimos cinco años de su vida con su padre vagando por bosques de Alemania. Cazando roedores y pequeños mamíferos. Refugiándose del frío de la madrugada en madrigueras hurtadas a otros animales o fabricadas por ellos mismos. Cinco años alejado de la civilización y de cualquier atisbo de humanidad. Cinco años siendo Ray de los Bosques. 

Todo cambió un lunes por la mañana. En medio del hall del Ayuntamiento de Berlín se plantó Ray vestido con ropa de invierno pese a ser 5 de septiembre y cargando al hombro una mochila. Dentro, una tienda de campaña, un saco de dormir, una navaja multiusos y una brújula. Nadie se percató de aquel chaval de 17 años, pelo rubio, ojos azules, 1,80 de estatura y andares despistados. Deambuló como un autómata hasta el mostrador del retén de Policía: «Llevo cinco años viviendo en los bosques. Mi padre ha muerto. Lo he enterrado y he caminado dos semanas hasta aquí».
 
La laberíntica memoria de Ray solo le permite retroceder cinco años atrás. No más allá. Solo recuerda la muerte de su madre, Doreen, en un accidente de tráfico. Ignora exactamente dónde y cómo pasó. La Policía ya rastrea con esos exiguos datos en sus archivos. Palos de ciego. Ray solo sabe que algo se rompió en el interior de su padre, Ryan. Algo que le llevó a coger a su hijo, de 12 años, y a adentrarse sin mirar atrás en un bosque del que el hombre jamás salió. Su padre murió al sufrir una caída mientras talaba un árbol para hacer leña. Él mismo lo enterró apilando unas piedras sobre una fosa poco profunda. Y empezó a caminar hacia el norte brújula en mano, como su padre le había enseñado si algo pasaba. Y se plantó en Berlín.

Ni siquiera está claro en qué bosque pasó cinco años el errante rubio. Millones de hectáreas en las que buscar una aguja en un pajar: la tumba de Ryan. Ray tampoco sabe dónde dio exactamente el último adiós a su padre. Y la Policía incluso deja caer un dato más escalofriante. Los investigadores no descartan ni siquiera que el joven pueda estar implicado en la muerte.
 
La Policía no ha hallado ni una sola denuncia de desaparición que coincida con la descripción de Ray. Los agentes desempolvan ya los casos de finales de los 90 en busca de alguna pista. Repasan los expedientes de los cadáveres sin identificar hallados en el último año en el bosque de Bayerischer. Ni rastro del padre del chico. Ni del pasado del callado adolescente. Ray está mientras en un piso tutelado para menores. Apenas habla con los demás chavales. «Pero se le ve feliz. Y contento de dormir en una cama y ducharse de manera regular», explicó el gerente del lugar. No parece extrañar sus madrigueras. Allí aguarda a conocer su futuro. A recordar su pasado. A saber quién es Ray.


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Pero desde hace unos meses ya sabemos quién es Ray, y como suele pasar, se acabó el romanticismo de la historia.

No era un niño perdido, sino un padre a la fuga. Su familia en Holanda le ha identificado. Sin trabajo, padre a los 18 años, huyó de sus responsabilidades y se vino a Berlín con una mochila y una historia increíble con la que casi engaña  al Estado alemán.

Desde su aparición estelar  ha vivido en Berlín. El Estado ha pagado los 1.800 euros al mes más 240 euros mensuales de bolsillo que gastaba en discos y videojuegos fundamentalmente, según las asistentes sociales que lo tenían bajo su custodia. Hablaba sólo en inglés y había empezado a aprender alemán cuando una ex novia en Holanda vio la fotografía repartida por Interpol y con la que las autoridades alemanas trataban de descubrir a sus familiares.

La verdadera historia de Robin van H. , ese es su nombre, no transcurre en los bosques, sino en la ciudad holandesa de Hengelo. Tiene en realidad 20 años y fue padre a los 18. Parado y agobiado por la responsabilidad, se colgó la mochila y anunció a la madre de la criatura que se iba para siempre. Por eso no aparecía en ningún banco de datos de desaparecidos.

Sus padres se divorciaron cuando era pequeño y su madre no se ocupaba de él, por lo que el padre acudió a los tribunales para obtener la custodia. La vida con su estricto padre no era fácil y Robin se independizó a los 16. Acababa de llegar la noticia de que perdía su beca para estudiar Relaciones Públicas y marketing cuando su novia le contó que estaba embarazada y, según sus compañeros de piso, "no quería ser un mal padre, así que prefirió marcharse".

Dicen que "la mentira tiene las patas muy cortas", y en el caso de Ray parece que así es. Ahora se le reclama todo lo obtenido fraudulentamente del Estado alemán.



1 comentario:

  1. Increíble lo que puede idear la gente me gustaba más el Ray de los bosques...

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